Es "hermano de este" y es el último de los hippeastrum que me ha florecido este año y aguanta con firmeza los 37 grados centígrados que ya han llegado para quedarse por un lago período de tiempo. La coloración es un poco diferente y no se percibe la predominancia del vitattum. Tampoco se percibe la homogeneidad en la coloración de los pétalos, al observarse una diferencia entre los pétalos superiores, más intensa, y los inferiores, más tenue.
A Mónica le gusta el cognac, Rimbaud, la Bauhaus y el cine de Godard. Y a Eduardo jugar al fútbol de botones con su abuelo. Una combinación "perfeita". Genial.
Ignoro por completo las razones por las que a esta sencilla y delicada flor se le llama "bruja" en algunos lugares de España. Aunque, en el caso de las que se muestran aquí, se han desarrollado durante mucho tiempo en Llano de Brujas (Murcia) y su cuidadora goza de una bien ganada fama de adivinadora, no he encontrado referencias que pudieran dar una explicación a tal denominación. Sinceramente, no le encuentro parecido a lo que la imaginación popular, la pintura o la literatura representan como brujas. Algunos lo atribuyen a que suele florecer por el día de la festividad de San Juan Bautista, fecha próxima al solsticio de verano y en la que, se dice, las brujas aprovechan para hacer sus aquelarres y conjuros.
Podrían hacerse conjeturas sobre la posibilidad de que esta planta fuera utilizada por las brujas y hechiceras en la elaboración de sus pócimas y brebajes. Sin embargo recordando algunos pasajes de conocidas obras de nuestra literatura, como La Celestina, no aparece algo parecido a los zephyranthes glandiflora: «huesos de corazón de ciervo, lengua de víbora, cabezas de codornices, sesos de asno, tela de caballo, mantillo de niño, soga de ahorcado, flor de yedra, espina de erizo, pie de tejón, granos de helecho, la piedra del nido del águila y otras mil cosas», dicen que utilizaba aquella "ejemplar" dama; Tampoco "La Cañizares", la querida discípula de "La Camacha", inmortalizada por Cervantes en "El coloquio de losperros", nos los menciona: " ... el ungüento con que nos untamos es compuesto de jugos de hierbas, en todo extremo frías, y no es, como dice el vulgo, hecho con la sangre de los niños que ahogamos. Y son tan frías que nos privan de todos los sentidos en untándonos con ellas; y quedamos tendidas y desnudas en el suelo, y entonces dicen que en la fantasía pasamos todo aquello que nos parece pasar verdaderamente".
Pero en verdad, a mí lo que más me sorprende de estas plantas es el elemento sorpresa de su floración. Las has estado mirando por la noche y no hay indicios de que vayan a florecer. Las visitas a la mañana siguiente y te encuentras una vara de casi quince centímetros con la flor a punto de abrirse. Parece cosa de brujas.
Nunca había visto unas plantas como estas. Me encontré con ellas por primera vez en La Siberia de Ojós, un paraje de difícil acceso en el que algunos valientes emprendedores habían conseguido cultivar naranjos, limoneros, higueras, palmeras y frutales de hueso, elevando el agua, con una tecnología muy rudimentaria, hasta unas cotas cuyo acceso a pie resulta bastante penoso para piernas poco entrenadas. Estaban junto a uno de esos impresionantes muros de aterrazamiento "clavados" por los lugares más inimaginables de la margen izquierda del Segura, a su paso por Ojós, y que ahora se desmoronan, irremediablemente, huérfanos de las manos y brazos que los hicieron crecer. En los aledaños en los que se encontraban, como suele ser habitual en estas pequeñas parcelas de cultivo, además de con los anteriores, convivían con algún rosal, crasas, suculentas, un extraño aloe y un numeroso grupo de hippeastrum johnsonii.
Desde hace unos cinco años, la tranquila existencia de toda aquella flora comenzó a verse alterada por el progresivo abandono de los cultivos, como consecuencia de su inviabilidad económica como explotación empresarial. Actualmente, por aquellos brazales y "regaeras" que con tanto mimo acondicionaron aquellos esforzados hombres y mujeres, de los que ya nadie se acuerda, ha dejado de correr el agua y los más necesitados de ella no han podido sobrevivir.
Poco a poco, ante la amenaza que se cernía sobre ellos, recuperé todos los hippeastrum, aproximadamente unos docena, que acondicionados en macetas se han multiplicado abundantemente. De un rosal, que daba unas rosas rojas de un color rojo oscuro, conseguí sacar adelante dos esquejes perfectamente adaptados en macetas. El aloe, las crasas y las suculentas creí que podrían sobrevivir con el agua de lluvia. Pero los magníficos crinum, que así supe después que se llamaban, no daban muchas "facilidades" para salvarlos. Aquellos bulbos eran enormes. Jamás había visto algo parecido. Sus raíces se hundían profundamente en la tierra y resultaba dificultoso extraerlos. Parecía como si se resistieran a abandonar aquel lugar. Por fin conseguí sacar un ejemplar de los de mayor tamaño que, acondicionado en una maceta, consiguió mantener las pocas raíces que soportaron la operación y aumentarlas. Sin embargo, sólo echaba unas pequeñas hojas y, enseguida, comprobé que aquel no era el lugar más adecuado para su desarrollo. Cuando tuve la oportunidad de encontrar a una persona que le pudiera dar cobijo, me desprendí de él. Afortunadamente, al sacarlo de la maceta comprobé que todo eran raíces.
Meses después, volví a intentar recuperar el resto de crinum, pero el transcurso del tiempo no les había dado facilidades para sobrevivir. Unos eran irrecuperables y otros habían perdido bastante volumen. No obstante, conseguí recuperar tres. Sin embargo, no tuvieron la fortuna del primero y no los pude sacar adelante.
Hoy, en aquel lugar únicamente sobreviven las plantas autóctonas y las que se han conseguido adaptar a la falta de agua de riego. Los que lean estas líneas, con toda seguridad, me agradecerán que no describa con detenimiento el estado actual de aquel lugar.
Mi interés y admiración por las calas viene de cuando, hace unos cinco años, paseando cerca del Teatro Victoria de Blanca (Murcia), llamaron mi atención unas flores blancas que crecían en unos enormes macetones situados en una sombreada calle colindante con el edificio del teatro. Su forma me recordaba a unas flores que crecen abundantemente junto a los viejos brazales de la huerta de Ojós y a las que allí se las conoce como "tragontinas". Cuando pude conversar con la orgullosa propietaria de las flores, me sacó de mi error, pues yo creía que eran las mismas, y de las que, de niños, se nos advertía de lo peligroso que podría ser el contacto con ella, ya que se la consideraba como una planta venenosa, aunque nunca conocí casos de intoxicación. Me explicó los cuidados que le daba y recuerdo, especialmente, la importancia que le daba a la necesidad de que se le cortaran sus hojas y se sacaran de las macetas una vez cumplido el 16 de agosto, festividad de la Virgen del Carmen.
Dos años después, observé que un vecino de Ojós las cultivaba en varias macetas situadas en la calle. Por su aspecto, se evidenciaba que no debían recibir los mismos cuidados que las que yo había visto en Blanca. Antonio, que así se llama el vecino, me dio una de las macetas e, inmediatamente, me dispuse a sacarlas. Para mi, constituyó una enorme sorpresa comprobar como de aquella pequeña maceta, de veinte de alto por veinte de ancho, podían salir tantos rizomas de todo tipo de formas y tamaños. Los de mayor tamaño los acomodé en dos grandes macetones y los de menor en cuatro pequeñas macetas. Busqué el rincón más sombreado para colocarlas y les fui dando idénticos cuidados que al resto de plantas. El primer año, aunque aumentaron su tamaño con rapidez, sólo florecieron, a finales del mes de febrero, unas pocas. El segundo año adelantaron la floración, más abundante, casi, a primeros de febrero y el cuello que se forma con la agrupación de las hojas era, casi, del tamaño del antebrazo de una persona. Y este año ha sido una auténtica explosión en blanco. Para mi sorpresa, las primeras flores ya despuntaban a finales de enero y estuvieron produciéndolas hasta finales del mes de abril. En sus cuidados no incluyo el corte de hojas, ya que en verano están expuestas mucho tiempo al sol y, aunque sus hojas se vayan secando poco a poco, sirven de protección a los nuevos brotes, que, a finales del mes de septiembre, ya comienzan a crecer con rapidez.
P.S.: Si alguno de los visitantes de este blog conociera el nombre científico o común de las plantas que yo confundía con las calas, le agradecería que me lo dijera.
En el año 1992 una mezcla de ignorancia, superstición y envidia se conjuró contra Mimi. ¿Quién se acuerda del ganador de la edición del Festival de San Remo de aquel año?
Hacía mucho tiempo que no veía una mata de cardos florecida. El pasado domingo, paseando por la ribera de la margen izquierda del Segura, enseguida llamó mi atención el singular color morado de sus enormes flores mezcladas con los viejos limoneros. Al acercarme a ellas, observé como un nutrido grupo de abejas y cuatro enormes abejorros se hundían y emergían de ellas, sin que les molestara mi presencia. Más que libar, parecían devorar. Una vez dedicado el tiempo necesario para fotografiarlas, la prudencia me empujaba a alejarme de aquel lugar, sobre todo al recordar algunos episodios de mi infancia, unos traumáticos y desagradables, en los que alguno de mis amigos había sido víctima de estos temibles abejorros, y otros más divertidos y festivos, como cuando, durante la noche de San Juan, cada uno llevábamos nuestra "alcachofa" para arrojarla a la hoguera, donde todos los años quemábamos al "Tío de papel", para, después, recogerla y llevarla a casa a colocarla en una jarra de agua y esperar que, a la mañana siguiente, se produjera el irremediable milagro: aquella flor chumascada en la hoguera volvía a florecer. Nuestra inocencia e ingenuidad no le daba la trascendencia que se le atribuía a esta, casi, ordalía: el amor de la amada o del amado dependía de si florecía o no la flor del cardo. Nosotros pensábamos en cosas más prosaicas.
Si se amplían al máximo las dos últimas fotos, se pueden observar perfectamente los enormes abejorros.
La semilla de este hippeastrum fue la primera que germinó de la siembra de charisma y showmaster durante marzo de 2009. El primer intento constituyó un auténtico desastre, ya que las semillas puestas a remojo quedaron inservibles, probablemente, porque mi precipitación les impidió disfrutar de la temperatura adecuada para que pudieran iniciar su ciclo vital. Debo confesar que no fui yo el que la sembró. Una mano, más convencida que las mías, la depositó, sin hidratación previa, junto a otras dos en una pequeña maceta y es la única superviviente de las tres. A los veinte días comenzó a asomar el cotiledón. Sin embargo, las más de cien que yo había sembrado seguían sin manifestarse. Hasta tal punto estuve convencido de un un nuevo fracaso, que, transcurrido más de un mes desde la siembra, decidí reutilizar las macetas y plantar unos esquejes de gitanillas. Pero cuando iba a meter la pala, vi como, de una de las macetas, asomaba del sustrato una pequeñisima hojita, que parecía decirme: "Afanoso jardinero, tenga piedad de mí", a la vez que en mi mente escuchaba a alguien que, como en el mandato bíblico, me ordenaba: "Detente, Ventura". Tan grande fue mi alegría y satisfacción, que, inmediatamente, sembré casi todas las semillas restantes. Al final, creo que, de este semillero, brotaron más de ciento cincuenta plántulas, de las que, actualmente, sobrevivirán unas ciento veinticinco.
Paradójicamente, este hippeastrum ha sido el último en florecer de los que lo han hecho este año, procedentes de aquel semillero, a pesar de haber estado siempre sólo en una maceta, al contrario que sus "hermanos".
¡Ah!, hoy ya he puesto a remojo parte de la cosecha de semillas de esta temporada, en este caso, unos cruces que he hecho con un "hippe" baby star como reproductor. Sesenta en total. No sé quién me va a curar esto.
¿Alguien cree que cuando se te aparece esto tiene cura la hippemanía?
Y ahora, alegría. Rafa Nadal lo pasó mal ayer, pero al final: décimo gran slam. Mi pronóstico es que este año llega a once. Lo siento por Francesca.
Como suena La Sonora Matancera con el colombiano Nelson Pinedo.
El cocio era un elemento que, hasta no hace mucho tiempo, formaba parte esencial del ajuar de muchas familias y su principal función era el almacenamiento de agua, tanto la de lluvia como la que pudiera recogerse de los ríos, fuentes o acequias. Hoy día, desaparecida aquella utilidad, como consecuencia del fácil acceso a las redes de agua potable, se ha convertido en un elemento decorativo y, a veces, utilizado en la jardinería doméstica como gran contenedor.
Pues bien, en este gran vaso de barro cocido, que ha pasado de generación en generación en mi familia, y al que le han sido restañadas algunas heridas con grapas colocadas por expertas manos, han tenido acomodo algunas de mis plantas. Primero se trasplantó a él una cheflera, que, inexplicablemente, contradiciendo todas las indicaciones, está aguantando el sol abrasador durante casi todo el día, además de las fortísimas rachas de viento, que suelen comenzar bien pasado el medio día. Después se plantaron tres ramas de distintos geranios, que se quebraron por la acción del viento, y que han agarrado con una rapidez y un vigor sorprendente. Luego tuvieron su oportunidad unas pipas de calabaza, que acabaron allí por casualidad. Y por último, unos "hippes" inadaptados, esos que ves como pasa el tiempo y no les crecen las hojas, y, de repente, les pegas un tirón y compruebas que no tienen raíces, ni siquiera después de volverlos a plantar y se te plantea el dilema de desistir y arrojarlos a la basura. Allí acabaron cinco o seis, ya he perdido la cuenta, casi arrojados a voleo, que, sorprendentemente, enraizaron en pocos días y ahí siguen echando hojas. Un verdadero misterio, para mí.
Me encantan las bandas de música. Ahora recuerdo, con nostalgia, los conciertos de mediodía de los domingos de la banda de música del ayuntamiento de Madrid en el parque del Retiro. Una de las interpretaciones que más me gustaba era el preludio de la zarzuela La revoltosa, de Ruperto Chapí.
Pero lo que no conocía, es que, la tradición de estas agrupaciones musicales, se hubiera trasladado a Cuba. Torpe de mí, olvidé la innumerable cantidad de escuelas, academias musicales y conservatorios de música que hay en esta fantástica isla desde, prácticamente, los comienzos de la colonización española. Pues bien, el otro día encontré, de casualidad, esta original versión de Guantanamera interpretada por la Banda Municipal de Santiago de Cuba. Maravillosa. Esto hay que escuharlo.
Por esta temporada, creo que este hippeastrum va a a ser de los últimos en florecer. Es el penúltimo de la serie procedente de los charisma y showmaster que han florecido este año. Al igual que los otros, procede de los semilleros de marzo de 2009. Cuando se estaba desarrollando la vara floral, tuve dudas de que pudiera abrir, debido a su delgadez, ya que en otros dos casos, de "hippes" procedentes de los mismos semilleros, aunque creció la vara, no produjeron flor con el volumen suficiente y la vaina que las envuelve, prácticamente, estaba vacía.
Me causó una gran impresión escuchar por primera vez al gran maestro del "klezmer".
Off Topic: Tanto si les gusta como si no les gusta el tenis, no se pueden perder el séptimo juego del cuarto set del partido Federer vs. Djocovic: Roger, simplemente, genial. Ah!, si Francesca Schiavone pesara veinte kilos más y midiera veinticinco centímetros más, se pondría a temblar Rafa Nadal. ¡ Pero que mujer jugando al tenis ! Favorita en mujeres y Rafa en hombres
De los últimos "hippes" que me están floreciendo, este procede de unas semillas, del conocido comercialmente como minerva, que me enviaron Conchi de Canarias y Manuel de Mexico, sembradas en junio de 2009. Siempre había querido tener un hippeastrum minerva, pero todos los intentos por conseguirlo resultaban vanos. En los envases aparecía su imagen y cuando florecía llegaba la frustración. Gracias a estos amables amigos, creí satisfecho mi antojo. Mas no. Sigo sin minerva, pero con un "hippe" que ha dado esta bellísima flor de un suave color anaranjado, que recuerda a un puniceum, envolviendo la conocida estrella blanca de seis puntas del minerva . La forma de sus pétalos es distinta al minerva y la textura de aquellos un poco aterciopelada y rugosa.
A mí, esta es la versión de "La vie en rose" que más me gusta.
No sé si es lagarto, lagartija o salamandra. No sé como llegó tan alto. ¿Por quién siente curiosidad? ¿Por las fressias, por las gitanillas o por los geranios?
Este excelente grupo portugués de música "Klezmer" estuvo actuando hace unos días en Murcia.
Desde que me dedico al cultivo de plantas, cada vez que voy al Museo del Prado de Madrid, una de mis grandes aficiones, o a cualquier otro museo o exposición de pintura, procuro prestar mucha atención para tratar de encontrar flores conocidas, especialmente bulbosas en los cuadros que se exponen. Recuerdo una exposición de El Greco en Toledo, en la que en uno de los cuadros expuestos, del que no recuerdo el nombre, pero sí que era la representación de un santo de la iglesia católica, aparecían representadas unas preciosas azucenas. Pero en el Museo del Prado hay cinco pequeños lienzos dedicados a los cinco sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. En una de estas pinturas, realizadas por Jan Brueghel "El Viejo" y Rubens, se representa el sentido del olfato con Venus y Cupido rodeados de flores. A la izquierda del cuadro se puede observar, junto a unos tulipanes, lo que parece un hippeastrum. No estoy seguro. ¿Alguien me puede ayudar?
Y para disfrutar del tiempo de cerezas en el que vivimos, voy a escuchar "Le temps de cerises" interpretada por Yves Montand. Así me sirve de consuelo imaginarme que estoy viendo los cerezos repletos de frutos, que a mi me gustan más que con flores, en tierras próximas a Alcoy (Alicante). No es necesario irse al Valle del Jerte para contemplarlos.
Pocas árboles podrían sobrevivir en las condiciones que lo hacen estos algarrobos en las laderas y las faldas de los montes que cercan la margen izquierda del río Segura a su paso por Ojós. En medio de pedregales soportan las temperaturas extremas que se registran en esa auténtica caldera en la que se convierte este pequeño pueblo en los meses de verano. Sus enormes raíces le dan estabilidad, a pesar de las continuadas pérdidas del sustrato que le sirve de sostén, como consecuencia de las lluvias torrenciales que no con poca frecuencia se producen, y les permiten horadar el terreno en busca de una escasa agua.
Estos centenarios ejemplares, ahora autosuficientes, no tendrían este porte sin la pericia y la tenacidad de las personas que hicieron posible los cultivos de agrios y frutales de hueso en esta estrecha franja de terreno, de poco más de cien mil metros cuadrados, que va desde el desfiladero del Solvente hasta la garganta del Salto de la Novia y que han sido el principal sostén económico de los habitantes de Ojós hasta los años setenta del siglo pasado. Su fruto, la algarroba, no se comercializaba ni estaba incluido en la dieta de las personas, sino que servía de complemento alimenticio al ganado y a las bestias de carga, estas últimas imprescindibles, además de para la recolección de la cosecha, para la ejecución de esa auténtica obra de ingeniería popular que se muestra al que pueda adentrarse por la intrincada red de caminos de acceso a los viejos huertos de este precioso rincón de Ojós. El impresionante, y poco valorado en la actualidad, conjunto de muros de aterrazamiento de bancales y de contención de las frecuentes riadas, que llegaban a cubrir las copas de los árboles, o el empedrado de las alcantarillas, que todavía sirven de aliviadero para la circulación del agua de riego o de lluvia, creo que no hubieran sido posible sin la existencia de este gigante que es el algarrobo.
Aunque haya perdido su primitiva función, de lo que no se ha olvidado es de seguir su ciclo anual en la producción de su fruto. A partir de finales del mes de septiembre y hasta principios de noviembre, todo aquel que pasee por las riberas del Segura, a su paso por Ojós, percibirá un intenso y extraño olor y, para el no avisado, de origen desconocido. Es el olor que se desprende de la flor del algarrobo, que atrae a miles de abejas que van a contribuir a la producción de la deliciosa algarroba. Atrévanse a degustarla cruda. Yo lo hacía y lo sigo haciendo. Es muy saludable.
Siempre me gustó la música italiana, que con frecuencia escuchaba en mi adolescencia y juventud. Gino Paoli, Luigi Tenco, Bruno Lauzi, Umberto Bindi y el que voy a escuchar hoy, Piero Ciampi acompañado por la orquesta de la RAI. Impresionante.
Estos gladiolus illyricus o lirios de monte también forman parte de la variadísima flora de los montes que rodean Ojós. Su principal amenaza son las manadas de jabalíes hambrientos que durante los últimos años de sequía arrasaban todo lo que encontraban a su paso. El final de la sequía ha hecho que se hayan vuelto a ver en abundancia.
No sé si conocen a Simon Shaheen, pero a mí me encanta escuchar su música.